jueves, 26 de febrero de 2015

´FINAL DEL CUENTO ÁGUEDA

Les hago llegar a través de este medio la última página del cuento  Águeda, la pueden imprimir o solamente leer para mejorar la elaboración de su cuestionario.


14) El primer día de clases le pareció extraño, incomprensible. La monja ensartaba la aguja y la guiaba en el cañamazo. Escogía para ella hebras fluorescentes y la tibieza de la mano, la mirada apacible, le enseñaban sentimientos nuevos y oportunos. Las guías sorprendentes, los puntos complicados, los obedientes tonos, eran costura más en las entrañas que en la tela. Águeda no entendía ni las palabras comunes.

 

15) La chasca de nuevo trajo a las niñas al refectorio. Ruth y Elena vigilaban el derrotero de las inclinaciones de Águeda. Llegaron a los postres. Macedonia de frutas suculenta. Águeda sintió los ojos de Elena. Su insistencia la untó de malestar. Sabía que Lorenza observaba; al menor descuido, la niña elegante, alargaría sus manitas de pulpo para adueñarse de la golosina. También Ruth seguía implacable sus movimientos. Águeda odió la humedad de sus manos, su deseo de llorar, la debilidad que le impedía asir el plato.

 

16) La silueta de la madre Luz oscureció la ventana. La cruz marfileña en su esclavina, inmovilizó su blancor de hostia. Águeda mentalmente imploró ayuda, y el crucifijo resbaló como una lágrima a lo largo de la alfombra. La madre Luz se apresuró a recogerlo y con ella se inclinaron otras alumnas. Mientras duraba el desorden momentáneo, Águeda, sin levantar los ojos, indicó a la vecina que el dulce era para Lorenza.

 

17) Las frutas de colores pasaron de mano en mano hasta llegar a su destino. Águeda tembló de rabia y vergüenza. Inútilmente Lorenza esperó su mirada. Vanamente la monja le regaló el crucifijo.

 

-¡Soy sola! ¡Soy sola! –repitió para su corazón.

 

 

Guadalupe Dueñas. Del aula y sus muros

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