Les hago llegar a través de este medio la última página del cuento Águeda, la pueden imprimir o solamente leer para mejorar la elaboración de su cuestionario.
14)
El primer día de clases le pareció
extraño, incomprensible. La monja ensartaba la aguja y la guiaba en el
cañamazo. Escogía para ella hebras fluorescentes y la tibieza de la mano, la
mirada apacible, le enseñaban sentimientos nuevos y oportunos. Las guías
sorprendentes, los puntos complicados, los obedientes tonos, eran costura más
en las entrañas que en la tela. Águeda no entendía ni las palabras comunes.
15)
La chasca de nuevo trajo a las niñas
al refectorio. Ruth y Elena vigilaban el derrotero de las inclinaciones de
Águeda. Llegaron a los postres. Macedonia de frutas suculenta. Águeda sintió
los ojos de Elena. Su insistencia la untó de malestar. Sabía que Lorenza
observaba; al menor descuido, la niña elegante, alargaría sus manitas de pulpo
para adueñarse de la golosina. También Ruth seguía implacable sus movimientos.
Águeda odió la humedad de sus manos, su deseo de llorar, la debilidad que le
impedía asir el plato.
16)
La silueta de la madre Luz oscureció
la ventana. La cruz marfileña en su esclavina, inmovilizó su blancor de hostia.
Águeda mentalmente imploró ayuda, y el crucifijo resbaló como una lágrima a lo
largo de la alfombra. La madre Luz se apresuró a recogerlo y con ella se
inclinaron otras alumnas. Mientras duraba el desorden momentáneo, Águeda, sin
levantar los ojos, indicó a la vecina que el dulce era para Lorenza.
17)
Las frutas de colores pasaron de mano
en mano hasta llegar a su destino. Águeda tembló de rabia y vergüenza.
Inútilmente Lorenza esperó su mirada. Vanamente la monja le regaló el
crucifijo.
-¡Soy
sola! ¡Soy sola! –repitió para su corazón.
Guadalupe Dueñas. Del aula y sus
muros
No hay comentarios.:
Publicar un comentario